Seborrea. Los cuidados ayudan a solucionarla
La piel grasa, ¡qué horror!
El brillo, poros dilatados, sensación de piel sucia y quizás, granos, puntos negros y acné es lo que aterra a hombres y mujeres, que cada vez buscan qué hacer para evitarlos. En algunos casos, el problema se presenta de por vida, y en otros, con cuidados adecuados, pueden ser solucionados.
No todas las pieles grasas tienen acné, pero sí todas las pieles acnéicas tienen grasa... y mucha.
La testosterona es la hormona masculina responsable de la hipersecreción sebácea que desencadena la aparición del acné. Por este motivo, la afección puede ser especialmente virulenta en el hombre y persistir durante toda la vida.
Esta hormona es especialmente agresiva a nivel cutáneo, gracias a la colaboración de una enzima de la glándula sebácea, que en el caso de las pieles acnéicas, tiene una actividad de 2 a 20 veces superior.
En el desarrollo del acné intervienen diversos factores. Aparte de la presión hormonal, se produce una alteración en los componentes de la grasa, que se convierte en una cera espesa con mayor dificultad para salir al exterior.
La grasa retenida se oxida, promueve la proliferación de bacterias y se convierte en una sustancia irritante. El folículo que la alberga, se inflama obstruyendo aún más la salida y la superficie se puebla de células muertas, que junto con el sebo, no se desprenden, se acumulan y taponan los poros.
El cuadro se pone peor cuando genera lesiones más graves con los procesos inflamatorios como pústulas, papulopústulas, quistes y nódulos.
Qué hacer
La estrategia a seguir consiste en normalizar el comportamiento de la glándula sebácea y eliminar el exceso de sebo sin producir efectos rebote, irritar o agredir la piel.
La limpieza con productos específicos es fundamental no solo para eliminar el brillo antiestético, sino para evitar la proliferación de bacterias y hongos. Sirve fundamentalmente para retirar secreciones propias y ajenas, que se pegan como las moscas a la miel. Mejor dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche.
La exfoliación: es conveniente siempre y cuando no existan cuadros infecciosos, que con la fricción, puedan extenderse de un lado a otro. Un producto adaptado a este tipo de pieles consigue eliminar las células muertas que taponan los canales pilosebáceos, limpiar en profundidad, cerrar los poros y estimular la circulación periférica.
Hidratar: Como lo que hidrata es el agua y no el sebum, la piel grasa no debe olvidar este tratamiento cotidiano que le ayudará a protegerse de los factores ambientales. Eso sí, con un producto libre de aceites y no comedogénico. Mejor, si además contiene activos matificantes que eviten la presencia de brillos en la cara.
En lugar de exprimir los puntos negros, recurre a los parches para extraerlos. Son bandas adhesivas de acción local, que están diseñadas anatómicamente. Se pegan a la nariz, se mojan y una vez secas, extraen puntos negros, sebo y células muertas en un solo gesto. No las apliques en lesiones inflamatorias; no sirven para nada y además, empeoran el cuadro.
La grasa en la piel
A 300-500 micrones bajo la superficie de la piel están situadas las glándulas sebáceas, que son las encargadas de sintetizar el sebum, antes de que salga hacia el exterior por el canal pilosebáceo.
Estas fábricas de sebum no están repartidas por igual. En la zona T (nariz, frente y barbilla) se concentran a razón de 900 por cm2; en la periferia del rostro únicamente hay unas 100 glándulas sebáceas por cm2.
La herencia, las hormonas y el estrés, son los principales factores internos que provocan la seborrea. Los factores externos como el clima cálido, la humedad medio ambiental, la contaminación o el sol, pueden agravar su desarrollo.
La producción de sebo es mayor durante el día que por la noche, alcanza su momento álgido al mediodía.
Las pieles grasas saltan a la vista y al tacto. Se detectan por su aspecto oleoso, su poro abierto, el grano grueso de su textura y un tono grisáceo, más bien apagado, debido al exceso de sebo.
La piel grasa incomoda física y psíquicamente a quien la padece no solo por el efecto espejo que los demás perciben, sino por una sensación subjetiva de cara "pesada" y sucia.
El brillo, poros dilatados, sensación de piel sucia y quizás, granos, puntos negros y acné es lo que aterra a hombres y mujeres, que cada vez buscan qué hacer para evitarlos. En algunos casos, el problema se presenta de por vida, y en otros, con cuidados adecuados, pueden ser solucionados.
No todas las pieles grasas tienen acné, pero sí todas las pieles acnéicas tienen grasa... y mucha.
La testosterona es la hormona masculina responsable de la hipersecreción sebácea que desencadena la aparición del acné. Por este motivo, la afección puede ser especialmente virulenta en el hombre y persistir durante toda la vida.
Esta hormona es especialmente agresiva a nivel cutáneo, gracias a la colaboración de una enzima de la glándula sebácea, que en el caso de las pieles acnéicas, tiene una actividad de 2 a 20 veces superior.
En el desarrollo del acné intervienen diversos factores. Aparte de la presión hormonal, se produce una alteración en los componentes de la grasa, que se convierte en una cera espesa con mayor dificultad para salir al exterior.
La grasa retenida se oxida, promueve la proliferación de bacterias y se convierte en una sustancia irritante. El folículo que la alberga, se inflama obstruyendo aún más la salida y la superficie se puebla de células muertas, que junto con el sebo, no se desprenden, se acumulan y taponan los poros.
El cuadro se pone peor cuando genera lesiones más graves con los procesos inflamatorios como pústulas, papulopústulas, quistes y nódulos.
Qué hacer
La estrategia a seguir consiste en normalizar el comportamiento de la glándula sebácea y eliminar el exceso de sebo sin producir efectos rebote, irritar o agredir la piel.
La limpieza con productos específicos es fundamental no solo para eliminar el brillo antiestético, sino para evitar la proliferación de bacterias y hongos. Sirve fundamentalmente para retirar secreciones propias y ajenas, que se pegan como las moscas a la miel. Mejor dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche.
La exfoliación: es conveniente siempre y cuando no existan cuadros infecciosos, que con la fricción, puedan extenderse de un lado a otro. Un producto adaptado a este tipo de pieles consigue eliminar las células muertas que taponan los canales pilosebáceos, limpiar en profundidad, cerrar los poros y estimular la circulación periférica.
Hidratar: Como lo que hidrata es el agua y no el sebum, la piel grasa no debe olvidar este tratamiento cotidiano que le ayudará a protegerse de los factores ambientales. Eso sí, con un producto libre de aceites y no comedogénico. Mejor, si además contiene activos matificantes que eviten la presencia de brillos en la cara.
En lugar de exprimir los puntos negros, recurre a los parches para extraerlos. Son bandas adhesivas de acción local, que están diseñadas anatómicamente. Se pegan a la nariz, se mojan y una vez secas, extraen puntos negros, sebo y células muertas en un solo gesto. No las apliques en lesiones inflamatorias; no sirven para nada y además, empeoran el cuadro.
La grasa en la piel
A 300-500 micrones bajo la superficie de la piel están situadas las glándulas sebáceas, que son las encargadas de sintetizar el sebum, antes de que salga hacia el exterior por el canal pilosebáceo.
Estas fábricas de sebum no están repartidas por igual. En la zona T (nariz, frente y barbilla) se concentran a razón de 900 por cm2; en la periferia del rostro únicamente hay unas 100 glándulas sebáceas por cm2.
La herencia, las hormonas y el estrés, son los principales factores internos que provocan la seborrea. Los factores externos como el clima cálido, la humedad medio ambiental, la contaminación o el sol, pueden agravar su desarrollo.
La producción de sebo es mayor durante el día que por la noche, alcanza su momento álgido al mediodía.
Las pieles grasas saltan a la vista y al tacto. Se detectan por su aspecto oleoso, su poro abierto, el grano grueso de su textura y un tono grisáceo, más bien apagado, debido al exceso de sebo.
La piel grasa incomoda física y psíquicamente a quien la padece no solo por el efecto espejo que los demás perciben, sino por una sensación subjetiva de cara "pesada" y sucia.
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