Primera foto de la paciente con transplante de cara

El médico francés Jean-Michel Dubernard definió como "un método excepcional para una situación excepcional" al trasplante de cara que realizó en su paciente. El jefe del equipo que realizó el primer trasplante de cara se defendió así de las críticas de muchos colegas sobre las implicancias éticas de esta operación, realizada en el Hospital de Amiens a una mujer de 38 años.
Pese a que la identidad de la paciente permanece en el anonimato, el mundo pudo conocerla de frente gracias a la fotografía publicada por "The Daily Telegraph".
La imagen -donde se aprecian las huellas de la operación- conmovió al mundo, por cuando hasta el momento sólo se habían conocido fotos de costado de la paciente, tomadas desde un video.
"La cuestión no era meramente estética, sino de funcionalidad. Esta mujer no podía masticar, ni apenas hablar. Tampoco se atrevía a mirarse al espejo. ¿Cuál es el problema?", respondió el especialista francés al ser consultado sobre la gran controversia que ha despertado el caso.
Tras la operación: Críticas por el trasplante de cara
Acusan al equipo de haberse apurado.
PARIS (EFE).- Los equipos médicos franceses que a comienzos de semana realizaron el primer trasplante mundial de cara son objeto de críticas de otros colegas por haber querido precipitar la operación para tener la primicia e incluso para apropiarse de protocolos teóricos que otros habían establecido. El cirujano plástico Laurent Lantieri, que trabaja en el hospital Henri-Mondor de Créteil, los acusa de haberle pedido el protocolo médico que él había diseñado y de haberlo puesto en práctica antes que él sin comunicárselo, según Le Journal du Dimanche.
En declaraciones al dominical, Lantieri explica que el jefe del servicio maxilofacial del hospital de Amiens, Bernard Devauchelle, que dirigió la intervención, lo había llamado en mayo para pedirle el protocolo, que él le transmitió entonces. El mentor de la operación, el jefe del servicio de trasplantes del hospital universitario de Lyon, Jean-Michel Dubernard, quien ya había llevado a cabo en 1998 el primer trasplante de mano, subraya: "Tuvimos todas las autorizaciones. No se trataba de marcar un tanto. Estamos para tratar a la gente. Somos médicos".
La polémica la alimentan también los comentarios de Emmanuel Hirsch, responsable de las cuestiones de ética del consejo de orientación de la recién creada Agencia de Biomedicina, que se quejó de no haber sido informado de la intervención.
BIOETICA: Los dilemas que arrojo el primer transplante de rostro
Dar la cara
Por Sergio Di Nucci, Página 12 día 10.12.05
Habrá que esperar, pero los pronósticos son alentadores. Un nuevo rostro no ha forjado todavía una nueva identidad, pero desde hace solo dos semanas los límites entre fantasía y cirugía se han vuelto más frágiles e inciertos. La noticia ha recorrido el mundo. Una mujer de 36 años, Isabelle Dinoire, cuyo rostro había sido desfigurado por la mordedura de un perro y tenía dificultades para masticar y aun respirar, fue sometida en París a un trasplante de nariz, boca y mentón. La intervención duró más de 15 horas en la noche que separaba el sábado 26 del domingo 27 de noviembre. El donante era un hombre “de proporciones morfológicas compatibles”, que reposaba con muerte cerebral en el Hospital Salengro de la norteña ciudad de Lille. A la historia de la medicina se ha sumado un nuevo hito, según algunos controversial: el del primer transplante de rostro en la Historia.
Ya la literatura y el cine habían incursionado en el tema. En un costoso film de superacción dirigido por el chino John Woo en 1997, traducido aquí como Contracara (Face/Off en el original), John Travolta y Nicholas Cage intercambiaban sus rostros para despistar a familiares, amigos y enemigos, y así enfrentarse en una batalla épica donde héroe y antihéroe resultaban en suma muy similares, para escándalo del espectador. Las apariencias engañaban, y en el film todo indicaba que el cambio de rostro terminaba siendo un acicate para la fraternidad, antes que para la confrontación. La cirugía que veíamos era inmediata, límpida, de precisión mecánica y sin fisuras, pero los protagonistas –un padre ejemplar, un villano ejemplar– no podían evitar sus propios e intransferibles dilemas morales, de cara a universos sociales tan distintos y cercanos a la vez. A apenas siete años de distancia, esta ficción en formato fantaciencia ha envejecido de manera irrecuperable. Y lo que en su momento pareció increíble es hoy motivo de dilemas éticos, psicológicos, bioéticos y hasta teológicos.
Se trata de discusiones polémicas y lacerantes que se produjeron apenas se divulgó la noticia en el semanario francés Le Point. La intervención fue decidida en secreto, y sin someter la información, como es oficialmente obligatorio, a la Comisión de Etica francesa. Esta comisión se había pronunciado en 2004 en contra del transplante total de un rostro, dejando abierta la vía a los transplantes parciales, como es el caso de esta mujer francesa. Según la Comisión de Etica, y es la opinión también de muchos expertos franceses, los riesgos de la intervención son demasiado altos, y si hubiera complicaciones se producirá “una situación clínica y psicológica todavía peor a aquella que se pretendía reconstruir”. Por otra parte, insisten, ¿en qué medida, es decir, con qué grado de equilibrio puede decidir la paciente una intervención de este tipo, más aún cuando se aducía que la mujer transplantada había intentado suicidarse con una sobredosis de barbitúricos, merced a lo cual el can, un labrador, quiso reavivarla con ardiente intensidad?
Ciertamente, frente a miles de accidentes, el transplante de rostro puede ser la única solución para quienes carecen de uno, o lo ven seriamente dañado. Las consecuencias psicológicas, éticas y clínicas son ineludibles desde el momento en que se habla de una discutible “nueva identidad”, que está reconstruida con el rostro de un donante muerto.
Desde la bioética se ha alertado sobre los riesgos que implica una intervención de este tipo, en lo que respecta al reconocimiento del paciente, y su identidad. Se insiste en que el paciente debe recibir información exhaustiva sobre la operación, y sobre las posibles complicaciones: la posibilidad de rechazo por parte del sistema inmunológico, la dependencia para siempre de fármacos inmunodepresores –que debilitan las defensas inmunológicas, y aumentan por consiguiente los riesgos de cáncer y virus mortales.
Desde la teología católica no hubo condenas, ya que se trató en este caso de un transplante con finalidad terapéutica y no estética. El teólogo italiano Mauro Cozzoli ha señalado que las consecuencias de un transplante de rostro por motivos terapéuticos son más de tipo psicológico que ético, y tendrán que ver con la dimensión íntima, la del autorreconocimiento del propio paciente.
Desde luego, en todo esto no hay precedentes. Y la última palabra, por ahora, es la de la propia transplantada. Según los médicos, Isabelle logró abrir la boca, puede hablar, su ánimo es bueno, come, bebe y hasta pidió un espejo para verse: aseguran que está contenta con su nuevo rostro.
Al español Ortega y Gasset se le atribuye la aseveración de que después de los treinta años tenemos el rostro que nos merecemos. Justamente antes del transplante, un estudio europeo había concluido que, para los europeos, la antipatía depende del rostro. Antipático, al parecer, se nace: cuestiones de rasgos somáticos (la nariz aguda y los ojos un poco oblicuos no transmitirían simpatía). Isabelle parece demostrar una forma de gentileza independiente de todo rasgo facial, propio o adquirido: “merci” fue la primera palabra que dijo después de la operación. Y la dijo gracias a ella.
Muchas cuestiones por resolver en relación con el trasplante de cara
La Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial (SECOM) considera aún de resultado incierto, en el momento actual, la posibilidad de trasplantar tejido de la cara de un donante a un ser vivo.
Según explica el Dr. Miguel Burgueño García, presidente de esta sociedad científica, "los beneficios de una intervención de estas características, todavía son muy dudosos. Aunque desde un punto de vista técnico la intervención es sencilla para un cirujano experto en técnicas microquirúrgicas, la necesidad de que el receptor reciba una terapia inmunosupresora de por vida, con los posibles efectos secundarios que conlleva, hace difícil sentar la indicación de la técnica".
"Otro aspecto de gran importancia que hay que tener en cuenta para valorar esta técnica, explica, es la enorme dificultad que hay en el logro de la motilidad normal del músculo y con ello de la expresión facial, así como la sensibilidad de la piel. Incluso podría conseguirse motilidad en la cara pero sin control por parte del paciente. Además, "tampoco tenemos información sobre qué ocurrirá a largo plazo. Sabemos por otros tipos de trasplante que, aunque el tejido trasplantado no se rechace inicialmente, las probabilidades de ser rechazado después del primer año aumentan considerablemente".
Por último hay que dejar constancia de que con las técnicas microquirúrgicas a nuestro alcance, tomando tejido del propio paciente podemos resolver la mayoría (no todos) de los problemas que se presentan en la clínica, con la ventaja de no necesitar terapia inmunosupresora. En su opinión, podemos concluir que el futuro definirá qué pacientes se beneficiarán de los trasplantes de cara, una vez que se demuestre que su resultado es lo suficientemente bueno para justificar la terapia inmunosupresora de por vida y afrontar las posibles complicaciones tanto físicas como psicológicas.
Webs Relacionadas
Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial
El País 12.11.05
"Cuando vi mi nueva cara, supe que era yo"
La mujer que recibió el trasplante de rostro se muestra "muy satisfecha" con la operación
Londres
"Cuando vi mi nueva cara, supe de una vez que era yo". Estas son las palabras de la primera mujer, una francesa de 38 años, que se ha sometido a un trasplante facial. La paciente, cuya identidad no ha sido divulgada, se sometió a esta pionera intervención para intentar reconstruir su rostro desfigurado por el ataque de un perro. Los cirujanos que realizaron la operación el mes pasado le trasplantaron la nariz, barbilla y labios de una donante que estaba en estado vegetativo, informa el diario británico Daily Mail.
Las declaraciones de esta mujer muestran su asombro ante el resultado logrado: "Fue increíble ver una nariz y una barbilla en mi cara una vez más". Ahora se recupera de la operación en un hospital de Lyón, en Francia.
Sin embargo, aún no puede sentir su cara porque los nervios no están funcionando adecuadamente. Pese a este contratiempo los médicos esperan que tenga sensibilidad en todo el rostro en un período de entre seis meses y un año.
Antes tendrá que salir del hospital, lo que le provoca "mucho miedo" y ser reconocida como la mujer que se sometió a un transplante de rostro, según el rotativo.
"No me arrepiento de nada"
"Sólo quiero vivir una vida normal, sin que me estén mirando todo el tiempo", añade. "Todavía es demasiado pronto para pensar en el futuro. Pero no me arrepiento de nada. Si me preguntaran de nuevo, lo haría otra vez".
Este caso ha suscitado, no sólo en Francia, un debate ético sobre la idoneidad de la operación, sobre todo por el estado mental de la mujer anterior a la intervención. Al respecto, el periódico Sunday Times informó de que la mujer había tratado de suicidarse antes de que el perro la atacara. Sin embargo, el cirujano que hizo el trasplante, el doctor Jean-Michel Dubernard, ha reiterado que eso no es cierto. Dubernard se hizo mundialmente famoso al trasplantar una mano en 1998 en Lyón.
Equipos de países como Reino Unido y Estados Unidos llevan meses intentando intervenciones similares, pero las autoridades sanitarias las han frenado alegando los posibles problemas psicológicos que pueda sufrir el paciente.
http://www.intramed.net/
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