Salud, Estetica y Cuidado Personal *

 

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miércoles, abril 27, 2005

Envejecimiento: el papel de las hormonas

El llamado “eje hipotálamo-hipofisario” está formado por el hipotálamo, una región del sistema nervioso central, que regula el funcionamiento de la glándula hipófisis, que segrega hormonas especiales que a su vez controlan la producción de las hormonas que se producen en otras áreas del organismo. Estas hormonas “periféricas” influyen a su vez, por un mecanismo de retroalimentación, en la producción de las hormonas de la hipófisis.

Esto funciona de la siguiente manera: supongamos, por ejemplo, que la glándula tiroides está produciendo menos hormona tiroidea de la que el organismo necesita. Esto es “detectado” por el hipotálamo, que le “indica” a la hipófisis que produzca una hormona especial llamada “TSH”, cuya función es estimular a la glándula tiroides para que produzca más hormona tiroidea. En respuesta a esta estimulación, la tiroides comienza a producir más hormonas, hasta que las mismas llegan a los niveles requeridos. Cuando esto ocurre, el eje hipotálamo-hipofisario nuevamente lo detecta y hace que la hipófisis disminuya la producción de TSH para que la tiroides no se siga estimulando y no se produzcan hormonas tiroideas en exceso.

A este proceso por el que los niveles de hormonas periféricas (tiroideas en este caso) afectan la actividad del eje hipotálamo-hipofisario es a lo que se llama “retroalimentación”. La sincronía entre todos los componentes de este sistema es una de las características fundamentales del eje neuroendocrino que se ven afectadas por el envejecimiento, y afecta a las tres “áreas” principales del “envejecimiento hormonal”: el eje somático o GH-IGF-I (produciendo la llamada somatopausia), el eje gonadal o de las hormonas y órganos sexuales (gonadopausia), y la secreción de andrógenos por las glándulas suprarrenales (adrenopausia).

En este último caso, los estudios epidemiológicos revelan la disminución constante de la secreción de andrógenos (DHEA y DHEA-S) en hombres y mujeres mayores, aunque no se conoce el origen de este agotamiento en la función de la zona adrenal de las glándulas suprarrenales.

Modelos de envejecimiento

La tortuga y la langosta exhiben, sorprendentemente, pocos signos de envejecimiento, aunque todavía no se sabe bien por qué razones. En las moscas comunes, la activación del gen “Matusalén” conlleva una extensión de la longevidad de aproximadamente 30 por ciento.

En las ratas de laboratorio, el “rejuvenecimiento” se puede estimular por sustancias llamadas apolipoproteínas (Apo) E-3 y E-4, cuya producción se incrementa por los estrógenos. En los ratones transgénicos a los que se anuló la capacidad de producir Apo-E, en cambio, esta respuesta a los estrógenos no se produce. Este descubrimiento abona las suposiciones sobre el importante papel que jugarían los estrógenos en la prevención del envejecimiento neuronal y la enfermedad de Alzheimer.

Los estrógenos también jugarían un importante papel en la plasticidad neuronal (característica de un cerebro “joven”) induciendo la producción de proteínas especiales en los astrocitos (células que forman parte del sistema nervioso) e interviniendo en el funcionamiento de las neuronas que forman parte del eje neuroendocrino (sobre todo las neuronas relacionadas con el control de la secreción de hormonas sexuales). Esta respuesta de estas neuronas a los estrógenos se iría perdiendo con la edad

Rol del sistema neuroendocrino

La notable variabilidad en el estado del organismo de la población que envejece sanamente, y en la progresión de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, (como por ejemplo la osteopenia, y los desórdenes cognitivos) pueden reflejar, en parte, las variaciones que naturalmente se dan en el producto final de la acción de los genes implicados.

Por ejemplo, la diversidad molecular en el receptor glucocorticoide (la parte de las células –producida por la presencia de un gen específico– a la que se van a unir los corticoides para poder actuar), puede influenciar los efectos de los corticoides sobre los distintos tejidos. En otras palabras: en dos personas sanas distintas, el mismo nivel de corticoides puede tener efectos diferentes porque los receptores sobre los que actúan son también diferentes en cada una de esas personas, pese a que en ambas el gen que “produce” dichos receptores es normal.

De hecho, se piensa que estos polimorfismos en otro receptor, el receptor IGF-I, podían ser relevantes para explicar las diferencias interindividuales en la atrofia de los tejidos que se produce durante el envejecimiento./ondasalud.com


http://www.la-epoca.com/verporseccion.php?CIDSUPLEMENTO=1&CIDARTICULO=4853

 

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domingo, abril 17, 2005

Morir de belleza

Si Alberto Giacometti, el famoso escultor suizo de principios de siglo, se asomara por nuestro país y descubriera que se impuso su concepción de la figura humana, en formas altas y tan delgadas que parecen siempre a punto de desaparecer, se aterraría. Y no solo porque la vida termine imitando al arte, sino por la absurda razón que se esconde tras esta concepción. Que no es una abstracción artística, como en el caso de las esbeltas esculturas de Giacometti, sino el dictado de un perverso estereotipo cultural y consumista. El de la belleza, las pasarelas, las cirugías y la moda, que hace presa en jóvenes adolescentes.


Casos recientes y tan dolorosos como el de Terri Schiavo, que murió a los 41 años luego de pasar 15 en cama como un vegetal, o de la hermosa modelo antioqueña Valentina Fernández, que no cumplió los 22, encendieron del todo las alarmas. Y es que, en Colombia, los pocos estudios que se han hecho respecto al tema de los llamados trastornos de la conducta alimentaria (TCA) arrojaron el preocupante dato de que nuestros índices de mujeres jóvenes entre los 14 y los 22 años, de estratos medio alto y alto, que los padecen, son significativamente mayores que los de los países desarrollados. Solo en Medellín, según un estudio de la Universidad de Antioquia, el porcentaje de niñas que padecen esta enfermedad es tres veces superior a la media del mundo, que ha visto "desfilar" bellezas anoréxicas como la modelo Kate Moss, Lady Di, la reina Victoria de Suecia o Letizia, la próxima reina de España, quien a pesar de negarlo guarda un figura en exceso escuálida.


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Los TCA son enfermedades en las que el paciente tiene de sí mismo una imagen corporal negativa, se obsesiona por el peso y convierte en epicentro de su vida la adquisición de una silueta a tono con sus delirios. A este grupo pertenecen la anorexia nerviosa (AN), la bulimia nerviosa (BN) y los trastornos de la conducta alimentaria no especificados (NOES). El estudio en Antioquia, liderado por la psiquiatra Lucrecia Ramírez, esposa del alcalde de Medellín, encuestó a 972 colegialas de secundaria y encontró que al 77 por ciento de ellas les aterra la idea de ganar peso; el 41 por ciento padece de hartazgo; el 33 por ciento se siente culpable después de comer; el 16 por ciento siente que la comida controla su vida, y el 8 por ciento se induce a vomitarla. He ahí la dimensión del problema.


¿Qué ha ocurrido en un sector de la sociedad para que la obsesión por la belleza amenace la vida de las jóvenes? ¿Quién impulsa en las mentes maleables de los adolescentes que una figura casi esquelética, similar a la de las modelos de pasarelas europeas, es sinónimo de felicidad y exitoso proyecto de vida? Varios factores favorecen esta enfermiza tendencia. Para empezar, los paradigmas estéticos que divulgan muchos medios de comunicación, que equiparan la delgadez extrema con elegancia y hermosura, lo que fuerza en las jóvenes un patrón para imitar.


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También las agencias de modelaje y los concursos de belleza se encargan de apuntalar estos patrones, al desechar a las candidatas que superen ciertas tallas. Ninguno de estos 'jueces' -revistas, agencias y concursos- se detiene a pensar en las consecuencias sociales de sus pautas de belleza femenina. A todo lo anterior se suma una floreciente industria, la de los centros de estética, que operan sin control en el país y apoyan los nefastos estereotipos con cirugías a menudo cuestionables, al tiempo que comercializan peligrosos fármacos supuestamente adelgazantes. Terri Schiavo y Valentina Fernández son dos ejemplos lamentables de los extremos a los que puede conducir la obsesión por el perfil.


Parte de la responsabilidad debe atribuirse a quienes crean los paradigmas y a quienes ofrecen maneras artificiales de alcanzarlos. Pero también cabe preguntarse qué están haciendo los padres de familia frente al problema y con qué armas cuenta la sociedad para educar a las jóvenes respecto de un mal que ha dejado de ser asunto de niñas bonitas de alta sociedad y se extiende por todas las clases.


La muerte de Valentina hizo que algunos medios de comunicación reaccionaran y recientemente Colombia Moda anunció que no aceptará niñas enfermas en sus pasarelas. Saludable actitud, pero no basta con ello. Quienes manejan el mundo de la pasarela deben entender que los TCA son enfermedades de nefastas consecuencias en las vidas de quienes las contraen. Y es preciso, además, que las autoridades de la salud tomen cartas con campañas educativas sobre un problema que adquiere contornos sociales cada vez más preocupantes.


En el fondo, como en casi todo, se trata de un problema educativo. Hace falta repetir que no existe un solo ideal de belleza humana. Que, como lo demuestra la historia del arte, la belleza física está presente en una amplia gama de figuras y perfiles. Tan atractiva puede ser una pálida y alta rubia boreal como una mulata rellenita y vivaracha.


La hermosura exterior es apenas una parte, a veces la menos importante, del ser humano. Hay muchos otros rasgos fundamentales para triunfar en la vida, para la felicidad personal y para el éxito social, que no dependen de la balanza de pesos. Como escribió Henry David Thoreau, aquel hombre que una vez se refugió en los bosques para buscar su propio ser: "La belleza no está aquí ni allá, ni en Roma ni en Atenas, sino dondequiera que encontremos un espíritu admirable".



http://200.41.9.39/opinion/reda/2005-04-10/ARTICULO-WEB-_NOTA_INTERIOR-2032379.html

 

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sábado, abril 02, 2005

Yogurt para el mal aliento

La ingesta de yogur reduce las bacterias que causan mal aliento, según un estudio de investigadores de la Universidad de Tsurumi en Yokohama (Japón) que se ha hecho público durante la 83 Sesión General de la Asociación Internacional de Investigación Dental que se celebra en Baltimore (Estados Unidos).


Los investigadores estudiaron los efectos de comer yogur tradicional sin azúcar en los componentes del mal olor bucal y en bacterias que colonizan la cavidad oral.


Los científicos descubrieron que los niveles de componentes volátiles de sulfuro, es decir, sulfuro de hidrógeno, disminuían en un 80 por ciento en voluntarios después de seis semanas.


Además, según los investigadores, los índices de las encías y el sarro en los voluntarios que comieron yogur fueron significativamente inferiores que en los participantes con mal aliento que no comían el producto lácteo.


Según lo expertos, estos resultados sugieren que tomar yogur tradicional podría reducir los componentes del mal olor y las bacterias perjudiciales.


http://www.azprensa.com/noticias_ext.php?idreg=13124

 

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